Fuiste tentación de una pasión insana, como gota de aceite para un sediento o como trozo de hielo para un estomago hambriento. Tu cuerpo sólo me representa la ilusión de mis recuerdos, tu aroma a sudor es recuerdo de deseos enterrados en mi pasado, tus sonidos como canciones de sirenas malignas que gritan su nombre… y sólo estás tú.
Ahora la llama que te quemaba se ha teñido de azul pálido, es momento de consumir lo que queda de deseo, ahorcar palabras hermosas o decirlas tan quedo que parezcan sólo suspiros moribundos. Mi aliento es cada vez menor, estoy muriendo en dirección al infierno de la soledad, ahí donde mi existencia efímera pasará como algo que nunca existió… y no me importa.
Ódiame, maldíceme o ignórame; lo tengo bien merecido, pero no vuelvas a desearme. Mi decisión es injusta y no tengo problema admitiéndolo, y es que mi amor se quedó en Luisiana con pasaporte en el desdén de una mujer y el misterio de las ruinas de mi cuerpo sólo alberga el tesoro de sentimientos vacios, y las joyas de mis momentos felices son custodiadas por el selo animal de mis pesadillas… y quiero vivir ahí.
Me diste mucho y lo veo igual a la nada, pediste el cielo y recibiste castillos en el viento, creíste en mis palabras y ese fue tu error. Ahora todos los favores, cumplidos y placeres dados tienen precio, alto quizás; pero justo, con intereses injustos pero necesarios, debiéndose pagar en moneda extranjera, no hay otra forma de pagarlos… toma tu pago: mí educada evasión.
Ahora la llama que te quemaba se ha teñido de azul pálido, es momento de consumir lo que queda de deseo, ahorcar palabras hermosas o decirlas tan quedo que parezcan sólo suspiros moribundos. Mi aliento es cada vez menor, estoy muriendo en dirección al infierno de la soledad, ahí donde mi existencia efímera pasará como algo que nunca existió… y no me importa.
Ódiame, maldíceme o ignórame; lo tengo bien merecido, pero no vuelvas a desearme. Mi decisión es injusta y no tengo problema admitiéndolo, y es que mi amor se quedó en Luisiana con pasaporte en el desdén de una mujer y el misterio de las ruinas de mi cuerpo sólo alberga el tesoro de sentimientos vacios, y las joyas de mis momentos felices son custodiadas por el selo animal de mis pesadillas… y quiero vivir ahí.
Me diste mucho y lo veo igual a la nada, pediste el cielo y recibiste castillos en el viento, creíste en mis palabras y ese fue tu error. Ahora todos los favores, cumplidos y placeres dados tienen precio, alto quizás; pero justo, con intereses injustos pero necesarios, debiéndose pagar en moneda extranjera, no hay otra forma de pagarlos… toma tu pago: mí educada evasión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario